Las huellas de amor de una misionera (1911)
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Las huellas de amor de una misionera (1911)

Notas para la historia de la iglesia Evangélica Unida de Santa Isabel

La obra evangélica en Santa Isabel tuvo muchos excelentes misioneros. Pero ninguno impactó tanto como la Srta. Jennie Mishler, (conocida en el pueblo como doña Juanita) una misionera que llegó de Leaf River,  Illinois y atendió un dispensario que abrió la iglesia Cristiana. Fueron sus padres Federico Mishler y Sophia Drexler y tenía cuatro hermanos.

Foto: Jennie Mishler

Mishler estableció los fundamentos para la iglesia que hoy es conocida como Iglesia Evangélica Unida localizada frente a la plaza de Santa Isabel.

La obra evangélica en Santa Isabel comenzó con esta mujer que abrió un camino que luego otros misioneros y pastores siguieron. Esta iglesia evangélica fue la primera en establecerse en el pueblo después de que se aprobó la libertad de cultos en Puerto Rico.

Esta mujer de fe dio un préstamo de sus ahorros personales para pagar el depósito y  se adquiriera el lote donde esperaban construir algún día la iglesia.

En 1907 el misionero T. E. White escribió  un informe sobre el estado de las misiones en Puerto Rico. Así se expresó de la Srta. Mishler: «Tal vez el avance más importante realizado en la misión de Puerto Rico este año fue posible por el regreso de la señorita Mishler y su localización en el pueblo de Santa Isabel entre Ponce y Salinas.

Esta ciudad ha sido considerada el terreno más duro en la isla para el trabajo cristiano porque el catolicismo está fuertemente arraigado. Otras misiones han intentando trabajar aquí y luego lo han abandonado. Hasta el momento nuestra misión había tenido poco éxito. Por  la mucha oración y el trabajo fiel, un pequeño grupo de conversos se ha formado este año, hay una iglesia organizada, y hemos asegurado la opción para una buena ubicación de un edificio».

El trabajo de la Srta. Jennie Mishler no fue fácil. La tuberculosis, el paludismo (Malaria) y otras enfermedades campeaban en todo el pueblo. El paludismo conocido también con el nombre de malaria o fiebres palúdicas, es una enfermedad infecciosa que se transmite por la picadura de mosquitos.

Su testimonio de amor y servicio a nuestro pueblo la colocan como una heroína. La Srta Mishler regresó a EE UU antes de que se terminara de construir el templo que inició y que se inauguró el 7 de septiembre de 1923.

No sabemos a cuantos curó pero si sabemos el amor y pasión de servicio a Dios y sus semejantes que la hizo abandonar sus comodidades para venir a este pueblo que desconocía.

El testimonio que incluyo abajo muestra el carácter, la fe y la pasión por Dios de la Srta. Mishler. El mismo fue publicado en la revista de la Iglesia Cristiana en Estados Unidos en 1911.

Peligros en la noche (1911)
Por Miss Jennie Mishler, Santa Isabel, Puerto Rico

Hace algunas semanas un viejo amigo me envió un mensaje a través de mi madre, diciendo que debía ser muy prudente porque muchas veces los racimos de plátanos procedentes de los trópicos traen tarántulas que son muy venenosas.

Estoy muy bien familiarizada con la tarántula tropical porque hay un nido de ellas en el antiguo edificio que hemos alquilado aquí en Santa Isabel. Un día abrí una puerta que nunca permito que nadie abra incluyéndome a mí. Con mis faldas  agarradas a mi alrededor y mirando bien donde pisaba decidí enfrentarlas. Abrí la puerta  y había una tarántula negra que salió rápidamente a la acera. Creo que matamos a casi todas las que vimos, pero como el nido estaba en el suelo no pudimos exterminarlas a todas.

La tarántula tropical causa más miedo en casa  (Estados Unidos) que  aquí. La primera vez que nos mudamos a nuestro actual lugar perseguí a todas las arañas que vi. Afortunadamente hasta ahora todas son amistosas.

Otros compañeros de habitación

Con seguridad puedo decir que he visto lo que los españoles llaman «un ciempiés» porque tienen un centenar de patitas. Pocos eran grandes, pero al parecer existen algunos muy largos. En el edificio, en el área que se utiliza para los servicios religiosos, he visto muchos. Los he visto durante el servicio moviéndose por toda la habitación. En la reunión de las mujeres los he visto caminar de un lado a otro mientras que los hermanos los vigilan para ponerles el pie encima.

Estoy bastante familiarizada con las tarántulas pero menos con otra  pesadilla tropical peor, el escorpión. Tuve una experiencia con uno de ellos al pasar unos días con el hermano y la hermana Barrett en las montañas cerca de Ponce.

Estábamos embalando los platos para ir a Ponce, cuando entre los documentos apareció un escorpión grande. Era la primera vez que veía uno y no habría sabido que hacer hasta que la hermana Barrett me dijo  «¡Un escorpión, mátalo!» Tomé en la mano un palo grueso y lo destruí.

He pasado una serie de experiencias  terribles. Estaba muy feliz cuando nos mudamos al edificio grande. En la época del dominio español éste era la sede de los policías que vivían aquí con sus familias. Después de que nos movimos a este lugar todo iba bien. Una mañana estaba moviendo la ropa del armario y tirándola en la cama. Allí, entre la ropa, vi otra tarántula que me congeló  y el miedo se apoderó de mí. Nunca más pude ser feliz. En las semanas después jamás me puse una prenda de vestir sin antes examinarla.

Unas semanas después, me despertó un peculiar ruido. Me dije: «Se trata de un ratón». Escuché algo que rascaba y daba arañazos. Estaba convencida que era un ratón y como  le escuchaba rascar bajo la cama, pasé la mano por la parte inferior de la sábana y allí había algo con vida.

Me senté en la cama, encendí  la luz y salió ¡Un escorpión! Salí de la cama, tomé el mosquitero y luego con cautela comencé a retirar la ropa de la cama una pieza a la vez. El escorpión se había ocultado bajo la última pieza de ropa de cama. Con la única arma de una mujer, un palo de escoba, maté al escorpión. Después de reacomodar la cama, miré el reloj y descubrí que eran las 3:30 a. m.  Me fui a la cama a pensar a esa hora. Después de este tipo de  experiencia no pude dormir cómodamente en la cama o vivir feliz en esa casa. Además, al siguiente día tenía que ir al Descalabrado a trabajar. ¡Qué horror es tener una mala noche antes de un día de trabajo duro! Pensando en esto me quedé dormida, me desperté, y me dormí otra vez. Desperté a la hora de costumbre, me sentía bastante bien y lista para mi viaje al Descalabrado.

El temor al contagio

Tengo un amigo muy querido en los Estados Unidos y a veces le pregunto a mi madre acerca de él.  No hace mucho tiempo, en respuesta a mi consulta, mi madre me respondió: «No lo visito tan a menudo como antes.  Tu amigo siempre tiene algo que decir sobre las terribles enfermedades de la sangre en Puerto Rico».

Ahora, a mi querida madre le gusta escuchar  sobre el sol que hay aquí todo el tiempo, las rosas y otras flores tropicales que se dan durante doce meses del año, los árboles de naranja inclinándose con sus frutos de oro y los racimos de guineo bajo grandes hojas balanceándose esperando a ser cortados. Pero a ella no le gusta el otro lado de la vida en Puerto Rico.

Al revisar los registros de nuestro trabajo veo que desde el primero de junio (cuando abrimos) hasta el presente hemos tratado a 293 personas. De este número setenta y dos han tenido enfermedades en la sangre. Cuando lleno las recetas, sé cuáles son los que están terriblemente afectados. Nunca he pensado en tener miedo. Sé que las enfermedades contagiosas están a mi alrededor, pero creo que soy inmune a ellas.

La tormenta eléctrica

El viernes tuvimos una tormenta eléctrica severa. Un rayo mató a un hombre cerca de la ciudad, chocó contra un árbol y lo rompió en pedazos. Las descargas eléctricas que suenan en el techo de hierro me recuerdan una fuerte tormenta de granizo en los Estados Unidos.

Estaba poniendo la cena y por primera vez en mi vida tuve miedo en una tormenta. El viento soplaba tan fuerte, que arrancó dos árboles al otro lado de la valla en el patio del vecino. La lluvia entró a través de los tres lados del techo y lo peor de todo fueron las descargas eléctricas. Pensé en el dispensario. Pensé en nuestro nuevo órgano, en mi baúl, en los libros y en lo que significaría para el trabajo perder la casa vieja. Como los pensamientos revoloteaban en mi cerebro, llegó el pensamiento de Dios y su cuidado protector. Entré en el comedor, me arrodillé y le hablé de estas cosas y lo que estaba en juego y le pedí que cuidara sus propios intereses. Sentí mucho lo que realmente significaba para Dios estas cosas además lo que yo significaba para él. Dios maravillosamente me encontró en el centro de la tormenta.

Este testimonio de su presencia y poder protector se apoderó de mí y sentí una calma profunda. Regresé a la cocina, terminé de preparar la cena y comí  como si nada pasara a mi alrededor. Después que la tormenta pasó, abrí la puerta, y descubrí que estaba rodeada de agua. Pero pronto ésta salió.

Detrás de las nubes vino una puesta de sol y todo era Dios. No puedo dejar de alabar a Dios por su mano protectora. ¡Veo a Dios en todo, veo a Dios en todo momento! ¡Veo en él todo lo que es bueno y bello!

El deseo de mi corazón es conocerlo y servirle mejor con mayor fidelidad.

Fuentes:

Herald of Gospel Liberty (Heraldo de la libertad del Evangelio), Volumen 103, Números 27-52, Convención General de la Iglesia Cristiana, 1911, página 1511
Facts Relating to the Porto Rican Mission 1902-1907, by missionary T. E. White

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