¿De dónde viene el nombre del pueblo Santa Isabel?

La fecha en que Santa Isabel recibió del gobernador la proclamación como pueblo fue el 19 de noviembre de 1841. Los hacendados mallorquines y de origen Europeo de la comarca estaban muy familiarizados con Santa Isabel de Hungría cuya fiesta se celebraba  en esos días.  Para muchos esto motivó que le pusieran como nombre  «Santa Isabel» al nuevo pueblo.

En Hispanoamérica (Cuba y otros países) hay hospitales con el nombre de Santa Isabel como una forma de honrar a una mujer que se destacó por su compasión por los pobres y que también fundó un hospital para socorrerlos.

Los historiadores describen a Isabel como hermosa, elegante, morena, seria, fervorosa en la oración, muy generosa con los pobres y llena siempre de bondad y de amor divino. También se dice que era  prudente, paciente, leal, modesta y bondadosa en sus palabras.   Su nombre de origen hebreo significa: «consagrada a Dios» y tal parece que sus padre no se equivocaron al seleccionar ese nombre.

Isabel fue hija de Andrés, rey de Hungría y nació el año 1207. Siguiendo la costumbre la época siendo aún niña, fue dada en matrimonio a Luis landgrave de Turingia, del que tuvo tres hijos. Isabel reconoció y amó a Cristo en la persona de los pobres,  vivía entregada a la meditación en las cosas espirituales y, después de la muerte de su esposo, abrazó la pobreza y erigió un hospital en el que ella misma servía a los enfermos. Murió en Marburgo el año 1231.

Su niñez
Se dice que una noche del verano de 1207, Klingsohr de Transilvania anunció a Herman de Turingia, que el rey Andrés II de Hungría, primo del emperador de Alemania, acababa de tener una hija que había de distinguirse por su santidad y contraería matrimonio con el hijo de Herman. En efecto, esa misma noche, Andrés II y su esposa, Gertrudis de Andech-Meran, tuvieron una hijita que nació en Presburgo (Bratislava) o en Saros-Patak. El matrimonio profetizado por Klingsohr ofrecía grandes ventajas políticas, por lo cual, la recién nacida Isabel fue prometida en matrimonio al hijo mayor de Herman. Cuando la niña tenía unos cuatro años, sus padres la enviaron al castillo de Wartburg, cerca de Eisenach, para que se educase en la corte de Turingia con su futuro esposo. Durante su juventud, Isabel hubo de soportar la hostilidad de algunos miembros de la corte que no apreciaban su bondad; pero en cambio, el joven Luis se enamoró cada vez más de ella. Se cuenta que siempre que Luis pasaba por una ciudad compraba un regalo para su prometida. «Cuando se acercaba el momento de la llegada de Luis, Isabel salía a su encuentro; el joven le daba el brazo amorosamente y le entregaba el regalo que le había traído».  El era un buen rey que tomó por lema  «Piedad, Pureza, Justicia».

El matrimonio
En 1221, cuando Luis tenía veintiún años y había heredado ya de su padre la dignidad de landgrave e Isabel tenía catorce, se celebró el matrimonio, a pesar de que algunos habían aconsejado a Luis que hiciese volver a Isabel a Hungría, pues la unión no les convenía. El joven declaró que estaba dispuesto a perder una montaña de oro antes que la mano de Isabel.

El día de su boda, la joven Duquesa no quiso ir a la iglesia adornada con los preciosos collares de su rango: «¿Cómo podría -dijo cándidamente- llevar una corona tan preciosa ante un Rey coronado de espinas?».

La vida de matrimonio de Isabel sólo duró seis años que fueron calificados por un escritor inglés de «idilio de arrebatado amor, de ardor místico, de felicidad casi infantil, como rara vez se encuentra en las novelas que se leen ni en la experiencia humana».  La joven reina descubrió profundamente el sentido del sacramento del matrimonio que está en poner a Dios primero de manera que el amor conyugal se nutra de Cristo y manifieste a Cristo.  «Si yo amo tanto a una criatura mortal – le confiaba la joven reina a su amiga Isentrude-, ¿cómo no debería amar al Señor inmortal, dueño de mi alma?».

Dios concedió tres hijos a la pareja: A los quince años, en el año 1222, Isabel tuvo a su primogénito, Herman quien murió a los diecinueve años.  A los 17 años de edad, Isabel tuvo una niña (Sofía) y a los 20 otra niña que nació tres semanas despues de haber perdido a su esposo, quien muriera en una cruzada a la que se había unido con entusiasmo juvenil. Sofía, que fue más tarde duquesa de Brabante y la Beata Gertrudis de Aldenburg. A diferencia de otros esposos de santas, Luis no puso obstáculo alguno a las obras de caridad de Isabel, a su vida sencilla y mortificada, ni a sus largas oraciones. Una de las damas de compañía de Isabel escribió: «Mi señora se levanta a orar por la noche y mi señor la tiene por la mano, como si temiera que eso le haga daño y le suplica que no abuse de sus fuerzas y que vuelva a descansar.

La liberalidad de Isabel era tan grande, que en algunas ocasiones provocó graves críticas. En 1225, el hambre se dejó sentir en aquella región de Alemania, y la santa acabó con todo su dinero y con el grano que había almacenado en su casa para socorrer a los más necesitados. El landgrave estaba entonces ausente. Cuando volvió, algunos de sus empleados se quejaron de la liberalidad de Santa Isabel. Luis preguntó si su esposa había vendido alguno de sus dominios y ellos le respondieron que no. Entonces el landgrave declaró: «Sus liberalidades atraerán sobre nosotros la misericordia divina. Nada nos faltará mientras le permitamos socorrer así a los pobres».

El castillo de Wartburg se levantaba sobre una colina muy empinada, a la que no podían subir los inválidos. (La colina se llamaba «Rompe-rodillas»). Así pues, Santa Isabel construyó un hospital al pie del monte, y solía ir allá a dar de comer a los inválidos con sus propias manos, a hacerles la cama y a asistirlos en medio de los calores más abrumadores del verano. Además acostumbraba pagar la educación de los niños pobres, especialmente de los huérfanos. Fundó también otro hospital en el que se atendía a veintiocho personas y, diariamente alimentaba a novecientos pobres en su castillo, sin contar a los que ayudaba en otras partes de sus dominios. Por lo tanto, puede decirse con verdad que sus bienes eran el patrimonio de los pobres. Sin embargo, la caridad de la santa no era indiscreta. Por ejemplo, en vez de favorecer la ociosidad entre los que podían trabajar, les procuraba tareas adaptadas a sus fuerzas y habilidades.

Por entonces se predicó en Europa una nueva cruzada, y Luis de Turingia tomó el manto marcado con la cruz. El día de San Juan Bautista, se separó de Santa Isabel y fue a reunirse con el emperador Federico II en Apulia. El 11 de septiembre de ese mismo año murió en Otranto, víctima de la peste. La noticia no llegó a Alemania sino hasta el mes de octubre, cuando acababa de nacer su segunda hija. La suegra de Santa Isabel, para darle la funesta noticia en forma menos violenta, le habló vagamente de «lo que había acontecido» a su esposo y de «la voluntad de Dios». La santa entendió mal y dijo: «Si está preso, con la ayuda de Dios y de nuestros amigos conseguiremos ponerlo en libertad». Cuando le explicaron que no estaba preso sino que había muerto, la santa exclamó: «El mundo y cuanto había de alegre en el mundo está muerto para mí».

Lo que sucedió después es bastante oscuro. Según el testimonio de Isentrudis, una de sus damas de compañía, Enrique, el cuñado de Santa Isabel, que era el tutor de su único hijo, echó fuera del castillo a la santa, a sus hijos y a dos criados, para apoderarse del gobierno. Se cuentan muchos detalles de la forma degradante en que la santa fue tratada, hasta que su tía Matilde, abadesa de Kitzingen, la sacó de Eisenach. Unos afirman que fue despojada de su casa de Marburgo de Hesse, y otros que abandonó voluntariamente el castillo de Wartburg. Desde Kitzingen fue a visitar a su tío Eckemberto, obispo de Bamberga, quien puso a su disposición su castillo de Pottenstein. La santa se trasladó allá con su hijo Herman y su hijita de brazos, dejando a Sofía al cuidado de las religiosas de Kitzingen. Eckemberto, movido por la ambición, proyectaba un nuevo matrimonio, pero Santa Isabel se negó absolutamente, pues antes de la partida de su esposo a la Cruzada se habían prometido mutuamente no volver a casarse. A principios de 1228, se trasladó el cadáver de Luis a Alemania para sepultarlo en la iglesia abacial de Reinhardsbrunn.  Los parientes de Santa Isabel le proporcionaron lo necesario para vivir. El Viernes Santo de ese año, la viuda renunció formalmente al mundo en la iglesia de los franciscanos de Eisenach. Más tarde, tomó el hábito de la Tercera Orden de San Francisco.

Los frailes menores habían inculcado a Santa Isabel un espíritu de pobreza que en sus años de Langravina no podía practicar plenamente. Ahora, sus hijos tenían todo lo necesario y la santa se vio obligada a abandonar Marburgo y a vivir en Wehrda, en una cabaña, a orillas del río Lahn. Más tarde, construyó una casita en las afueras de Marburgo y ahí fundó una especie de hospital para los enfermos, los ancianos y los pobres y se consagró enteramente a su servicio.

En sacerdote Maese Conrado de Marburgo tuvo gran influencia sobre la santa. Dicho sacerdote había sustituido, desde 1225, al franciscano Rodinger en el cargo de confesor de la santa. El esposo de la santa le había permitido hacer un voto de obediencia al sacerdote en todo aquello que no se opusiese a su propia autoridad marital. Sin embargo la figura del Padre Conrado es muy controversial. Por un lado la protegió no permitiéndole pedir de puerta en puerta, desposeerse definitivamente de todos sus bienes, dar más que determinadas limosnas ni exponerse al contagio de la lepra y otras enfermedades. Sin embargo, según las siguientes anécdotas, era dominador y severo en extremo.

«(Maese Conrado) probó su constancia de mil maneras, al obligarla a proceder en todo contra su voluntad», escribió más tarde Isentrudis. «Para humillarla más, la privó de aquellos de sus criados a los que mayor cariño tenía. Una de ellas fui yo, Isentrudis, a quien ella amaba; me despidió con gran pena y con muchas lágrimas. Por último, despidió también a mi compañera, Jutta, que la había servido desde la niñez y a quien ella amaba particularmente. La bendita Isabel la despidió con lágrimas y suspiros. Maese Conrado, de piadosa memoria, hizo todo esto con buena intención, para que no le hablásemos de su antigua grandeza ni la hiciésemos echar de menos el pasado. Además, la privó del consuelo que nosotros podíamos darle para que sólo Dios pudiese consolarla». En vez de sus queridas damas de compañía, Conrado le dio dos «mujeres muy rudas», encargadas de informarle de las menores desobediencias de la santa a sus mandatos. Conrado castigaba esas desobediencias con bofetadas y golpes «con una vara larga y gruesa», cuyas marcas duraban tres semanas en el cuerpo de Isabel. La santa comentó amargamente con Isentrudis: «Si yo puedo temer tanto a un hombre mortal, ¡cuánto más temible será el Señor y Juez de este mundo!»  Se dice que, aunque la santa se benefició al saber vencer los obstáculos que le ponía su confesor, pero, objetivamente, sus métodos eran injuriosos.

Cierto día, un noble húngaro fue a Marburgo y pidió que le dijesen dónde vivía la hija de su soberano, de cuyas penas había oído hablar. Al llegar al hospital, encontró a Isabel sentada, hilando, vestida con su túnica burda. El pobre hombre casi se fue de espaldas y se santiguó asombrado: «¿Quién había visto hilar a la hija de un rey?» El noble intentó llevar a Isabel a Hungría, pero la santa se negó: sus hijos, sus pobres y la tumba de su esposo estaban en Turingia y ahí quería pasar el resto de su vida. Por lo demás, le quedaban ya pocos años en la tierra. Vivían muy austeramente y trabajaba sin descanso, ya fuese en el hospital, ya en las casas de los pobres o pescando en el río a fin de ganar un poco de dinero para sus protegidos. Cuando la enfermedad le impedía hacer otra cosa, hilaba o cargaba lana. En cierta ocasión en que estaba en cama, la persona que la atendía la oyó cantar dulcemente. «Cantáis muy bien, señora», le dijo. La santa replicó: «Os voy a explicar por qué. Entre el muro y yo había un pajarito que cantaba tan alegremente que me dieron ganas de imitarlo». La víspera del día de su muerte, a media noche, entre dormida y despierta murmuró: «Es ya casi la hora en que el Señor nació en el pesebre y creó con su omnipotencia una nueva estrella. Vino a redimir el mundo, y me va a redimir a mí». Y cuando el gallo comenzó a cantar, dijo: «Es la hora en que resucitó del sepulcro y rompió las puertas del infierno, y me va a librar a mí». Santa Isabel murió al anochecer del 17 de noviembre de 1231, antes de cumplir veinticuatro años. Su cuerpo estuvo expuesto tres días en la capilla del hospicio. Ahí mismo fue sepultada y Dios obró muchos milagros por su intercesión.

El mismo día de la muerte de la santa, a un hermano lego se le destrozó un brazo en un accidente y estaba en cama sufriendo terribles dolores. De pronto vio aparecer a Isabel en su habitación, vestida con trajes hermosísimos. El dijo: «Señora, Ud. que siempre ha vestido trajes tan pobres, ¿por qué está ahora tan hermosamente vestida?». Y ella sonriente le dijo: «Es que voy para la gloria. Acabo de morir para la tierra. Estire su brazo que ya ha quedado curado». El paciente estiró el brazo que tenía totalmente destrozado, y la curación fue completa e instantánea. Dos días después de su entierro, llegó al sepulcro de la santa un monje cisterciense el cual desde hacía varios años sufría un terrible dolor al corazón y ningún médico había logrado aliviarle de su dolencia. Se arrodilló por un buen rato a rezar junto a la tumba de la santa, y de un momento a otro quedó completamente curado de su dolor y de su enfermedad.

Maese Conrado empezó a reunir testimonios acerca de su santidad, pero murió antes de que Isabel fuese canonizada, en 1235 por el Papa Gregorio IX. Al año siguiente, las reliquias de la santa fueron trasladadas a la iglesia de Santa Isabel de Marburgo, que había sido construida por Conrado, su cuñado. A la ceremonia asistieron el emperador Federico II y «una multitud tan grande, formada por gentes de diversas naciones, pueblos y lenguas, que probablemente no se había visto ni se volverá a ver en estas tierras alemanas algo semejante». La iglesia en que reposaban las reliquias de la santa fue un sitio de peregrinación hasta 1539, año en que el landgrave protestante, Felipe de Hesse, las trasladó a un sitio desconocido.

Algunos testimonios de la época:  Uno de los sacerdotes de ese tiempo escribió: «Afirmo delante de Dios que raramente he visto una mujer de una actividad tan intensa, unida a una vida de oración y de contemplación tan elevada». Algunos religiosos franciscanos que la dirigían en su vida de total pobreza, afirman que varias veces, cuando ella regresaba de sus horas de oración, la vieron rodeada de resplandores y que sus ojos brillaban como luces muy resplandecientes. El emperador Federico II afirmó: «La venerable Isabel, tan amada de Dios, iluminó las tinieblas de este mundo como una estrella luminosa en la noche oscura».

Santa Isabel, ruega por los matrimonios, ruega por todos nosotros, qué el Señor nos conceda el don de un gran desprendimiento para dedicar nuestra vida y nuestros bienes a ayudar a los más necesitados.

Bibliografía
Sálesman, Eliécer. Vidas de Santos # 4.
Sgarbossa, Mario y Luigi Giovannini. Un Santo Para Cada Día.

12 comentarios en “¿De dónde viene el nombre del pueblo Santa Isabel?”

  1. Jackeline M. Rodríguez Viera

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  2. Dr. Luis G. Rodriguez Medina

    Cuando se establece la iglesia de Aibonito se hace bajo la advocación de San Jose y Santa Isabel, el alcalde era D. José María Colón. La esposa de este era Doña Isabel de Santiago Pacheco.
    El Capitán Poblador de Santa Isabel tambíen lo fué D. José María Colón. Podríamos inferir que se nombro el pueblo por doña Isabel?

  3. Estimado Luis

    Gracias por tus comentarios. Es correcto que el primer capitán poblador de Santa Isabel fue el D. José María Colón que fue también fue alcalde en Aibonito. Sin embargo, me parecería muy extraño que los hacendados y terratenientes aceptaran honrar a la esposa de los líderes del grupo que gestionó la separación. Aunque este fuera el capitán poblador del pueblo.

    La verdad es que el nombre de Santa Isabel no surgió cuando lo fundaron sino posteriormente. Iniclalmente se llamaba Coamo Abajo. Me inclino a pensar que los Mallorquines (Alomar y Famanía) pudieron influenciar en la selección del nombre que para los que venían de Mallorca tenía un valor muy importante.

  4. Hola. Muchas gracias por el articulo. Yo soy hungara de los estados unidos pero yo vivo en puerto rico con mi esposo puertoriqueno.

  5. Dr. Luis G. Rodriguez Medina

    Estimado Melvin: D. Jose María Colón era una persona sumamente poderosa.

    Además de su posición en Santa Isabel, fue alcalde en Aibonito y en Cayey. Su padre, D. Juan Colón de Torres fue Sargento Mayor y Teniente a Guerra en Juana Díaz. Su abuelo paterno D Antonio, lo fue de Coamo al igual que el padre de este, D. Blas Colon de Torres, y el padre del último, Don Juan Colon de Torres,como también su abuelo D. Diego Ramos Colón de Luyando lo fueron del Valle de Coamo en el s17.

    El abuelo materno de Don Jose María fue Don Francisco Ortiz de la Renta que ocupo el puesto en Ponce. La madre de Doña Isabel de Santiago fue Doña Florencia Pacheco hija de Don Juan Pacheco, teniente a Guerra de Coamo. La hija de Don Jose María y Doña. Josefa, Doña Juana Petrona, estaba casada con Don Antonio Vélez, el promotor de la fundación del pueblo, pasado Alcalde de Aibonito e hijo del fundador principal de Aibonito y alcalde de Coamo, Don Manuel Vélez. El abuelo de Dpn Manuel Vélez fue Don Francisco de los Olivos, capitán poblador de la Vega Alta de Espinosa y varias veces funcionario en San Juan. Al igual que Don Francisco, su esposa descendía de las familias mas importantes de San Juan del siglo 17 incluyendo en el siglo 16 al gobernador Don Diego Menéndez de Valdés.

    Por eso pienso que no es tan inusitado pensar que pueda haber convencido a los otros de buscarse una Santa con el nombre de su esposa cuando habia hecho algo similar en Aibonito. ¿Que crees?
    Saludos, Luis

  6. Estimado Luis Guillermo

    La verdad es que no lo había pensado así, pero ésta evidencia que nos compartes merece consideración.

    Lo que me llama la atención es que el nombre de Coamo Abajo dejó de usarse en un momento dado y no he encontrado en el Archivo Histórico de Puerto Rico (hasta hoy) ningún documento que explique la razón del cambio de nombre.

    Siempre me llamó la atención que Don José María Colón no fue el primer alcalde del pueblo. Creo que lo seleccionaron como Capitán Poblador por las influencias que tenía.

    Gracias por esta información. Continuaremos investigando y dialogando.

  7. Dr. Luis G. Rodriguez Medina

    Saludos Melvin: Obviamente es solamente una teoria que dificilmente se podria pobrar. El nombre de Coamo Abajo venia de cuando este era Barrio de Coamo y como pasa, la gente sigue usando el nombre al que estaban acostumbrados. Me imagino que debe de haber tomado un tiempo en lo que se acostumbraran al nuevo nombre. Una cosa que me extraña es que D Antonio Velez era alcalde de Aibonito casi para la epoca de la fundacion de SI. Presumiblemente vivia en Aibonito. Jose Maria vivio en Aibonito, Cayey y tambien Salinas y no se si en Coamo Abajo aunque la familia de Da Isabel tenia terrenos y vivian alli. Hace tiempo vi una tasacion de la Hacienda Florida propiedad de Da Florencia Pacheco en ese momento y esta aparece entre los terratenientes cuando la fundacion. Otra cosa,aunque no relacionada, acabo de acordarme que D. Antonio Velez era familia de su esposa, su madre fue Da Lucia Colon, hija de D Estanislao Colon de Torres y Da Hipolita Ortiz de Peña Colon. Antonio Colon de Torres, el abuelo de Jose Maria era hermano de Estanislao el abuelo de Antonio Velez. Estos tambien residian en Aibonito cuando este tambien era barrio de Coamo. En su defuncion Da Lucia deja un dinero para comprar un copon para la iglesia si se funda el pueblo de Aibonito. Bueno, ya basta de lata genealogica. Hasta la proxima, Luis Guillermo

  8. Luis Guillermo

    Era bastante común que los alcaldes venían de otros pueblos. Hay otros alcaldes de Santa Isabel que fueron alcaldes en otros pueblos.

    Un documento que encontré muestra que José María Colón dueño (uno de mucho dueños) de la Hacienda Florida.

    Hace poco me escribió una descendiente de él y me dijo que su otro apellido es Luyandó.

  9. Dr. Luis G. Rodriguez Medina

    José María Colón era hijo de D. Juan Colón de Torres y Da. Josefa Ortíz de la Renta y Lugo. D. Juan Colón de Torres era hijo de Antonio Colón de Torres y Juliana Lebrón de Quiñones y Aponte. Este ultimo de D. Blas Colón de Torres y Da.Petronila de Rivera. Blas de D. Juan Colón de Torres y Da. Cecilia de Adornio. Este Juan de D. Luis Colón de los Santos y Torres y una mujer de apellido Ortíz de Peña El ultimo de D. Diego Ramos Colon de Luyando y posiblemente Da Catalina de Espinosa. Esta informacion esta comprobada por actas de la Iglesia de Juana Diaz,Coamo y una Probanza de Juan Colón de Torres. También documentos en el Archivo General de PR
    Da Isabel de Santiago era hija de D.Jose María de Santiago y Da. Florencia Pacheco Alvarado. Los padres de D. José María fueron D Andres de Santiago Lebrón y Da. Manuela Rodríguez de Rivera. D Andrés de D Juan de Santiago y del primer matrimonio de Da. Juliana Lebron de Quiñones y Aponte. Todos estos de Coamo.
    Todos son mis antepasados directos por mi abuela paterna, Soledad Gracia Zayas. Luis

  10. Iris Mahon de Martinez Pagan Colon

    Mi abuela, Genera Colon Gonzalez(B1886), hija de Jose/Juan Maria Colon y Maria Donas Gonzalez. Por parte paterno creo que Jose Maria Colon y Isabel de Santiago Pacheco es me bisabuelo/a. No estoy segura???? Saben los hijo de Jose Maria Colon y Isabel????

  11. Dr. Luis G. Rodriguez Medina

    Los hijos de José María e Isabel que he podido encontrar son los siguientes:
    Juana Petrona casada con D. Antonio Vélez
    María Soledad
    José María casado con Juliana Santana
    Eustaquia
    Juan
    Juana
    José Placido Ramón casado con Juliana Colón
    María Isabel casada con Jose Florencio Santiago
    María Dolores
    Esto es lo que yo he encontrado, puede haber mas hijos, matrimonios de los hijos, hijos ilegítimos

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