Epidemia de cólera acaba con esclavos

En noviembre de 1855 una epidemia de cólera entró por Naguabo y se extendió por casi toda la isla. Como consecuencia de la misma murieron unos 30,00 esclavos en todo el paÃs. El gobernador de Pezuela, con una orden, habÃa promovido la erección de bohÃos en solares marginales, sin ningún tipo de servicio. Esto tuvo sus consecuencias. Las condiciones de salubridad se convirtieron en una crisis porque los campesinos y agregados contaminaban con las heces fecales las corrientes de agua y además no habÃa forma de deshacerse de la basura. Esta situación dio paso a la epidemia de cólera.
La epidemia en Santa Isabel
Pronto la epidemia llegó a Santa Isabel. Muchos dueños de haciendas que siempre habrÃan tenido problemas con la mano de obra para cultivar la tierra enfrentaron otra crisis el coléra morbo que coincidió con una terrible sequÃa. Los hacendados Pedro Juan Capó de la Hacienda Destino y Don José Alomar de la Hacienda Santa Isabel perdieron la mayorÃa de sus esclavos.
El gobernador de Puerto Rico autorizó que los muertos fueran sepultados en terrenos de cada hacienda, y en cementerios especialmente designados. TodavÃa no se han identificado los cementerios, si hubo alguno, en las haciendas de este pueblo.
La hacienda Santa Isabel perdió muchos de sus esclavos durante esta epidemia. Guillermo A. Baralt dice en su libro “La Buena Vista” que a mediados de mayo de 1859 Don José Alomar, un mallorquÃn dueño con su hermano de esta hacienda, viajó a la Hacienda Buena Vista de la familia Vives de Ponce para comprarle esclavos. Don José era un cliente frecuente de los Vives. Esta hacienda cultivaba frutos menores, café y procesaba harina de maÃz y proveÃa a otras haciendas de la costa de estos alimentos esenciales para la alimentación de esclavos. La Buena Vista también vendÃa esclavos. Ellos compraban más esclavos de los que necesitaban, los cuidaba muy bien “como una inversión” ya que esta era una de sus fuentes de ingreso.
Don José Alomar vio que los esclavos de Buena Vista estaban en buenas condiciones y compró la mayorÃa. En total Don José Alomar compró 47 esclavos de los 57 esclavos de la Buena Vista y se les trajo a Santa Isabel. Con esta compra la hacienda Santa Isabel duplicó su número de esclavos.
El cambio de vida de estos esclavos debió haber sido dramático: de una hacienda de café y frutos menores en las frescas montañas entre Ponce y Adjuntas a cultivar caña para producir azúcar moscabada (parda) y melao en la ardiente llanura de Santa Isabel. Por otro lado, en Buena Vista estaba a la orilla del rÃo que tiene una hermosa cascada y en Santa Isabel la hacienda que serÃa su nuevo hogar estaba muy cerca del mar y del puerto. Aunque estos lugares posiblemente eran vistos mayormente en medio del trabajo duro.
José Alomar pagó 760 pesos por cada esclavo, o sea 65 pesos más de su precio en el mercado) pagando una total de 36,000 pesos. Como era costumbre Alomar renunciaba al privilegio de la Indias o sea que Vives le podÃa ejecutar su hacienda si faltaba algún pago. El privilegio de la ley de Indias numero cinco titulado “Primer libro del código de las Indias” desde el 1834 protegÃa a los dueños de haciendas contra el embargo de sus tierras por sus acreedores en caso de que no pagaran sus deudas. Para la hacienda Buena Vista fue el año de más ganancias para la Hacienda Santa Isabel fue un acto de sobre vivencia.
Los activos de José Alomar
El documento de compra venta de los esclavos nos da a conocer los activos de Don José Alomar, uno de los principales hacendados de Santa Isabel. Al momento de la compra de estos esclavos, Don José poseÃa: 800 cuerdas de terreno plantadas en caña y monte, cuarenta esclavos, un edificio de concreto para el evaporador de azúcar, casa de pailas y mamposterÃa.
Otras concuencias de la epidemia
El pueblo que recién habÃa comenzado en 1842 no tenÃa todavÃa los edificios públicos que el gobierno requerÃa. El primer edificio para el cual ya se tenÃan los planos era la Casa del Rey.
El 25 de septiembre de 1856, Don Francisco GautÃer, Secretario de la Junta Municipal escribe al Gobernador de Puerto Rico pidiéndole que suspenda la construcción de la Casa del Rey “debido a la pobreza y miseria en que el pueblo se encontraba, agravada en ese momento por la epidemia de cólera y la terrible sequÃa”.

Buenos días Melvin,
Permíteme que te indique un pequeño lapsus, en esta información sobre el cólera, obviamente el año es 1855 y no 1955.
Cordiales saludos,
Francisco
Francisco
Gracias. Ya está corregido.
Melvin
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